Mitos y anécdotas de la historia de la música en occidente
Hola Radioescuchas, bienvenidos a una nueva emisión de las músicas del mundo con Viento en popa ensamble, programa que se produce y emite por 104.1 Unicauca estéreo, el universo sonoro de las culturas. Mi nombre es Pablo Gnecco y en esta ocasión terminamos el recorrido emprendido por distintas músicas que han cambiado su destino.
Este programa hace parte de una colección: Músicas que cambiaron su destino. La característica que resalta principalmente de esta selección es que en un principio, dentro de sus entornos, estás músicas tuvieron una mirada peyorativa o de segregación pero que con el pasar del tiempo se convirtieron en baluartes culturales de sus regiones de origen. Estas nos brindarán historias ambiguas, sensaciones bipolares, sentimientos agridulces solo para resaltar ese aspecto dual de la existencia humana: el constante cara y sello del pasado, el presente y el futuro. Para amenizar este tercer volumen presentamos a ustedes una disertación que no tiene una región geográfica específica, puesto que su desarrollo se dio en diversos lugares. Tampoco puede hablarse de un momento histórico preciso puesto que el lapso que abarca es bastante largo, en ello radica lo interesante del tema, en observar paradigmas que con el pasar del tiempo se han modificado. Para delimitar este universo hablaremos del desarrollo de la música y sus estéticas en las culturas de occidente, ello nos dará pie para rememorar mitos y anécdotas graciosas que de alguna manera sirven como cierre de este ciclo. El estudio de la historia de la música es un terreno amplio que cuenta con diferentes vertientes y es muy difícil generar una idea ecuánime que no se afecte por los filtros de las fuentes. Puesto que la temática es infinita y el quehacer en rigor meticuloso, el estudio de estos temas puede tornarse pesado. En esta ocasión no es de nuestro interés hacer un recuento exhaustivo, es por esta razón que nos acercamos a la temática por medio de la anécdota y el mito.
Para empezar por el aspecto general, al referirse al mito como paradigma estético traemos a esta charla la bien conocida expresión “el diablo en la música” o su versión original en latín diabulus in musica. Esta expresión, que puede considerarse coloquial, tiene, de principio, una denominación despectiva, tal vez macabra que se usa para calificar diversas sonoridades en un sentido peyorativo e invita a pensar en lo ruidoso o estrambótico. Su origen está ligado al uso de la música en el culto del cristianismo y, tal como en el contexto religioso, es sinónimo de lo malo, lo caótico, lo siniestro. Sin embargo, para entender más claramente lo que implica esta frase hay que ahondar en la historia. Para iniciar nuestra audición nuestro invitado es Jimy Hendrix interpretando el tema Foxy Lady en una grabación en vivo desde Maoui en 1970.
Podemos empezar mencionando que la música ha estado ligada a los ritos religiosos aún antes de la aparición del cristianismo, es probable que la música y la religión tengan orígenes cercanos en la historia del ser humano. Civilizaciones urbanas de lejano oriente, Mesopotamia, el Mediterraneo oriental y el norte de África empezaron , alrededor del cuarto milenio antes del calendario de nuestra era, a desarrollar instrumentos, entre ellos los de cuerda tañida tales como: cítaras, arpas, laúdes, entre otros que brindan un soporte armónico a la voz cantada. La danza y el canto eran profundamente apreciados en cortes y templos y poco a poco fue apareciendo la profesión de músico, que con el tiempo adquirió el estatus de élite, cuyo reconocimiento fue creciendo con el dominio de conocimientos sobre la afinación, los intervalos y la práctica del instrumento. Con el desarrollo de los instrumentos se dio paralelamente la comprensión del funcionamiento físico del sonido y su relación con las longitudes, en el caso de las cuerdas, dando origen a un mecanismo que permitió la organización de diferentes sonidos gradualmente dependiendo de su altura. Alrededor del segundo milenio a.c ya se tiene noticia de escalas de cinco y siete notas provenientes de las culturas de China y Mesopotamia que después adoptaron los griegos y otras culturas de África del norte y el Mediterraneo. Es relevante observar esos sucesos tan alejados en el tiempo puesto que sobre esas bases se construyó el enorme edificio cultural que estamos contemplando. Escucharemos a continuación un himno antiguo llamado La seducción de la diosa Inana y después la obra Geragotikos Sircos en la interpretación del ensamble Du-sems
Con el desarrollo de la técnica y la teoría musical el carácter filosófico que adquirió el estudio de la música fue notable en distintos lugares del mundo. Filósofos tales como Confusio en China y los griegos Pitágoras, Platón, Aristoxeno, entre otros hablaron de la relación de la música y el carácter humano y la afectación sensible a la que suscitan los sonidos. En Grecia adquirió, además, una relación íntima con conceptos de las matemáticas que tras el lente de la filosofía servía para dar una explicación del orden del universo o lo que se conoce como música de las esferas. También, por medio de la mimesis, los sonidos de la tierra y los planetas que rodean al ser humano, y que este por ser un detalle más del lienzo no percibe, influyen en el alma humana. Así, la psiquis humana bajo influencia de la música puede curarse o corromperse teniendo consecuencias directas en la vida de las personas. Esas ideas perduraron en la memoria y trascendieron el tiempo por gracia de la escritura, fue así como tres milenios después fueron retomadas y adaptadas por Boecio y Agustín de Hipona para establecer un canon estético en la naciente iglesia cristiana. Escucharemos a continuación la primera parte de la obra Harmony of spheres del compositor Joep Fransses en la interpretación del coro de cámara de Países Bajos.
La distinta perspectiva ofrecida por los paradigmas religiosos imperantes para cada mirada influyó notablemente en los resultados artísticos que aparecieron a partir de su efecto. Aunque la música proveniente de la antigüedad en nuestros días no es más que una especulación se cree que en Grecia el carácter del arte de los sonidos estaba íntimamente ligado a la poesía, la danza y las artes teatrales. Por otra parte, la procedencia de la inspiración musical se consideraba divina, por tanto, se cree que la direccionalidad de los intervalos y escalas conocidos en ese momento fue de arriba hacia abajo, sumamente contrastante con el uso actual del aprendizaje musical que ubica estos conceptos de manera ascendente. Quizás, la razón por la cual este sistema fue adoptado en la organización de la teoría musical del cristianismo, lugar de donde proviene el famoso do, re, mi, fue la creencia de que la música es una expresión humana que sirve para alabar a Dios. A este punto, este es el primer hecho que puede considerarse anecdótico puesto que autores que buscaron ser fieles a un concepto, en su adaptación a nuevas necesidades modificaron los preceptos de una manera directamente opuesta. De igual forma, aparece un primer tipo de segregación frente a estilos y géneros musicales puesto establece una barrera entre música ceremonial y música secular. La primera tendió a perdurar debido al interés institucional de preservar y unificar las expresiones musicales. La segunda, por el contrario, ha sufrido la condena del olvido y el destino de lo efímero. Escuchamos enseguida al Ensamble basiani interpretando la obra Shividkatsa.
Para el primer milenio de nuestra era la notación musical que hoy en día utilizamos aún no estaba desarrollada, sin embargo, existieron distintos intentos de escritura en la música que no tuvieron el éxito alcanzado por Guido de Arezzo con su tratado Micrologus, en él dio origen a la notación rítmica que hoy conocemos, al pentagrama y el nombre latino de las notas, tomados a manera de acróstico del himno de San juan bautista y los axiomas necesarios para desarrollar la teoría armónica que hoy perdura. Quizás, el secreto de la aceptación de esta metodología radica en la gran necesidad de encontrar una manera de fijar en la memoria una melodía. Esta necesidad era imperante en distintas esferas sociales. En el ámbito gubernamental fue muy importante para el imperio romano encontrar un mecanismo que precisara unificar culturalmente sus dominios. Por otro lado, para el ciudadano de a píe, en este caso los jóvenes monjes habitantes de las distintas abadías europeas, la necesidad era urgente puesto que el no memorizar correctamente las melodías utilizadas en el culto conlleva una ofensa a dios, por lo tanto, un indeleble castigo físico asegurado. Tenemos un conocimiento muy documentado sobre la producción musical cristiana debido a que aparecida la tecnología de la notación, los abades de todo el imperio se dedicaron a recopilar la rica producción que empezó a aparecer casi de manera inmediata. Al mismo tiempo, las fuerzas bélicas del imperio se encargaban de expandir sus dominios. Paralelamente, muchas tradiciones musicales, que incluso contaron con una notación, fueron puestas de lado. En la Breve historia de la música occidental, libro de Paul Griffiths publicado en 2006, se plantea la existencia de una música silenciosa que, a pesar de existir documentalmente en la actualidad, es “una música cuya notación no puede descifrarse con precisión o que nunca pretendió ser más esquemática”. Cabe la especulación si los músicos en esas localizaciones diversas, no estaban interesados en dejar un registro de su arte para la posteridad, si no para ellos mismos y sus discípulos, muchas culturas coincidieron en no ver la necesidad de dar más que un recurso mnemotécnico de uso doméstico como lo son en nuestros días muchos métodos usados en los ámbitos comúnmente llamados “empíricos”. Prosiguiendo la audición, el turno ahora es para El himno de San Juan Bautista Ut queant laxis.
Hasta ese momento, el interés principal de los maestros de capilla del imperio romano, quienes estaban a cargo de la enseñanza musical de los monjes de una abadía, fue unificar sus voces en una sola melodía que se conoce como Cantus Firmus. Cuando fue posible fijar las melodías con precisión en el papel se liberó a la memoria humana de una gran responsabilidad y brindó nuevos retos para el nuevo rol de compositor quien contaba con una gran barra de herramientas para crear nuevos artilugios. A este punto, es necesario resaltar que los fundamentos teóricos que tienen los cánones estéticos de esta música se relacionan directamente con las relaciones matemáticas planteadas por Pitágoras tres milenios atrás, es así como los intervalos más armónicos en esta teoría estética son la octava, es decir, la repetición del sonido más agudo o más grave y la quinta, que es el segundo sonido que aparece en la serie armónica y significa el quinto peldaño de una escala musical. La combinación de estos tres sonidos, fundamental octava y quinta, sin importar la altura que se tome como punto de referencia, representan matemáticamente las relaciones numéricas más simples, que en sonoridad ofrecen una sensación concisa, con bastante peso, propio en la actualidad de un buen riff de heavy metal. Prosiguiendo con ese hilo conductor, la relación numérica más compleja que se aprecia en la serie armónica aportada por Pitágoras es la que corresponde al intervalo musical conocido como tritono. Su configuración en la escala musical es única y ofrece al oyente una sensación muy diferente de las sonoridades de otros intervalos, en él se percibe un batimiento, una tensión que requiere ser resuelta, la descripción perfecta del diablo en la música. Este es el axioma primordial en arte de la música tonal y ha sido la piedra angular de todo el conocimiento compositivo y producción musical de la cultura de occidente durante el último milenio. En ese sentido, el uso del tritono nunca ha estado prohibido, sin embargo, su utilización debía ser tratada metodológicamente. Esta sonoridad en una obra musical dentro de la mirada clásica y rigurosa del asunto debe ser preparada y resuelta para cumplir con los cánones de la armonía. Cuesta creerlo, pero hasta bien entrada la modernidad los compositores no osaron desafiar estos cánones y desarrollaron su arte bajo sus preceptos al pie de la letra. Aún así, los paradigmas cambiaron otra vez, y con la influencia de músicas de otras procedencias que se incluyeron en las culturas urbanas, en gran parte fomentadas por el mercadeo y comercio de la música de nuestros días, se aceptaron géneros que desafían abiertamente la estética canónica de la teoría musical y que aún así utilizan los mismos elementos constitutivos de ese arte. Un ejemplo sencillo de estos casos es el Blues, originario en NorteAmérica, puesto que usa en cada uno de los doce compases de su estructura utiliza el acorde dominante, que es precisamente el que incluye el tritono en su sonoridad. escucharemos la canción Bye bye bird en la interpretación de Sayles Charlie y y después La Cumbia Cienaguera. Ambas melodías se construyen sobre el arpegio dominante conteniendo en si misma la sonoridad diabolica del tritono.
Sin embargo, tomó mucho tiempo para que sucediera este cambio y la lectoescritura musical aunque fue bien conocida y facilitó el quehacer de cantantes e instrumentistas no fue un terreno fácil para que las personas en general pudieran expresar sus habilidades de percepción y coordinación, por el contrario, aún hoy se consideran atípicos los casos de personas con tales habilidades. Por otra parte, la escritura y copia de partituras era un trabajo manual, por tanto, bastante costoso. No fue hasta la aparición de la imprenta que se hizo posible el comercio de producciones musicales al público en general. Hasta ese momento, se podía considerar mucha música como prohibida o al menos restringida. A manera de anécdota, quiero traer a memoria el caso del Miserere Meu Deus de Gregorio Allegri. Esta es una obra que fue escrita hacia del año 1638 y está se basa en el salmo 51 del antiguo testamento, su textura sonora es vocal polifónica y se conservaba originalmente en la capilla sixtina para ser interpretada solamente en los días en que se conmemora la pasión y muerte de Jesús. Se cuenta de esta obra que fue la preferida del Papa Urbano y su ejecución se restringía a dicha capilla, sin embargo, cuenta la anécdota que tras una audición como feligrés, un joven cautivado por la obra la copia al papel con leves detalles a corregir. Ese joven fue Wolfgang Amadeus Mozart. Cabe la posibilidad de que esta historia sea una invención de otros tiempos con finalidades banales, sin embargo, es inspirador pensar que el intelecto humano puede ser subversivo y contestatario desde el talento y la pasión. Es probable que ese talento inimaginable de seres excepcionales sea el diablo en la música para las grandes esferas de poder, esas esferas de poder que tras dos milenios de evolución aún hoy buscan homogeneizar las diversas expresiones del mundo. Desde la otra perspectiva, ese carácter monolítico que desconoce la exuberancia del mundo, la riqueza de sus gentes, la belleza contenida en la variedad de las culturas y la tolerancia y aceptación de las diferencias es el verdadero diablo en la música que a toda costa debe ser evitado o al menos combatido armónicamente.
Como segmento final escucharemos un fragmento del Miserere Meu Deus de Gregorio Allegri.